A 2 años del mayo chilote

[Vía: www.re-vuelta.cl]

Hace dos años, desde que se produjeran las más relevantes y significativas movilizaciones sociales en el archipiélago de Chiloé de las últimas décadas, provocadas por la denominada “marea roja” y el vertimiento de salmones muertos en los mares interiores y abiertos de Chiloé. Fueron cerca de 15 días de intensas movilizaciones, donde la población ocupo el territorio y donde las comunidades de las más diversas localidades hicieron sentir sus reclamos y exigencias de todo Chiloé, con miles de chilotas y chilotes en las calles, demandado a las autoridades una respuesta clara y precisa.

En el Colegio de Profesores se constituyó la mesa integrada por representantes de 5 comunas del archipiélago, tanto del sector de pescadores como, de la propia ciudadanía. Fue un período y proceso vertiginoso y de auto convocatoria, de auto organización de la población para representar sus posiciones en un espacio como el de la mesa provincial, que permitiera articular las demandas y exigencias que estuvieran más allá de los impactos sectoriales. Así fue el caso de la pesca artesanal, acá se trataba de poner en tela de juicio el modo de producción industrial intensivo de la salmonicultura y de concebir a Chiloé, como una nueva zona de sacrificio para la acumulación de los capitales nacionales e internacionales, sin importar lo que ocurriera en el futuro con el archipiélago.

Posteriormente, en el proceso de negociaciones, el gobierno de la época, se aboco a negociar de manera separada con las agrupaciones comunales pasando por alto los acuerdos de la mesa constituida en esa oportunidad, donde existía el principio acordado de que todas las conversaciones con las autoridades debía pasar por la aprobación de las bases comunales.

Desde el sector de sindicatos de pescadores comenzaron a negociar de manera separada desde sus comunas y fueron dejando de lado a los representantes de las comunidades locales, quienes sostenían que el problema principal de la marea roja era la saturación de los mares de Chiloé por exceso de nutrientes depositados en ella, lo que constituía un daño ambiental de grandes y graves proporciones producida por un modo de producción intensivo de la salmonicultura.

Entre otras de las demandas se planteaban las siguientes:

  • Que se determine de manera autónoma al gobierno y entidades académicas chilenas una acabada y pronta investigación que analice las reales causas de la crisis ecológica y medioambiental, identificando la existencia de responsabilidades directas o indirectas de las empresas salmoneras e instituciones gubernamentales en el vertimiento de mortandad y desechos en el mar de Chiloé con el surgimiento de Marea Roja, que permita conocer el real estado de contaminación que afecta al archipiélago. Que el comité técnico científico se establezca y tenga su base de operaciones en el Archipiélago de Chiloé.
  • Que sus resultados puedan contribuir a definir una estrategia de “desarrollo” provincial y regional de acuerdo a las características de su nicho ecológica y la fragilidad de su ecosistema.
  • Establecer mecanismos de regulación de la biomasa de las pisciculturas, centros de cultivos de salmón, miticultura y cultivos de abalones que se correspondan con la fragilidad del ecosistema marítimo y terrestre de la macrozona y las necesidades territoriales del archipiélago.
  • Derogación de la ley de pesca.

Estas, entre otras reivindicaciones, son las que estuvieron a la palestra en el proceso de movilizaciones, las que terminaron en una gran frustración, donde se acusó a alguno de los miembros de la mesa provincial de traición y de sacar provecho personal, quien posteriormente anunciaría su candidatura a las elecciones a concejal en la comuna de Castro.

Las negociaciones terminaron siendo una entrega de bonos a un limitado grupo de pescadores y buzos afectados pero, que no alcanzo ni siquiera a todos y todas las afectados, menos aún, a las causas de fondo que aún afectan a los trabajadores y trabajadoras de todo el archipiélago, al turismo, entre una infinidad de actividades laborales y económicas que están más allá de la pesca artesanal. Aquí se planteó un tema de fondo, es qué y cómo concebimos la fragilidad ambiental y ecológica de Chiloé.  En definitiva este no era sólo un problema de los pescadores, esa lectura que se hizo en el momento, no tuvo el alcance político interno entre los protagonistas que intentaban representar los intereses de los isleños.

Del mismo modo, para este escenario, aquellos que aparecieron liderando las movilizaciones, no tuvieron la capacidad política de articular, ampliando la base de la organización, a partir de la demanda y explosiva manifestación social de los habitantes de los territorios; quedan muchos análisis y aprendizajes por realizar, los que aún están muy encima.

Con todo, en el transcurso de estos dos años, se ha articulado algunas expresiones de carácter social y político, que comienzan a dar sus primeros pasos en función de establecer vínculos que traspasen los protagonismos particularistas y potencien una perspectiva política desde los territorios para una nueva vida, que conciba el espacio y el territorio como un bien común, es en este sentido que Re-Vuelta que considera una expresión que intenta impulsar un espacio de dialogo, reflexión y acción entre diferentes actores locales que buscan una salida a la sociedad del mercado.

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