Territorios: Nuevas formas de acumulación neoliberal

que las tecnologías no son neutras sino, que obedecen a un determinado paradigma de construcción de las relaciones sociales, humanas, económicas y de vida…

por Antonio Favreau M.

[Vía: www.re-vuelta.]

Los territorios locales y sus habitantes se han visto sometidos a intervenciones donde las decisiones de grupos económicos y financieros se toman no en Santiago sino, muchas veces en otros centros de poder internacionales donde tienen domicilios las grandes compañías inversoras, como ha sucedido recurrentemente en Chiloé, donde por ejemplo, el año 2009 con la privatización del mar donde la banca determina la viabilidad futura de la industria del salmón con la hipoteca como garantías de las concesiones acuícolas, decisiones que reconfiguran las relaciones, dinámicas y culturas de las comunidades locales.

Territorio e identidad

Lo que entendemos habitualmente por territorio es el espacio físico y por territorialidad aquel espacio humanizado, que deja de ser naturaleza pura para constituirse en un espacio cultural, es decir, lo que sus habitantes van construyendo y generando marcas en él.

No conoce de fronteras político administrativas sino, que se configura en un espacio cultural vital de la sociedad, donde un determinado espacio geográfico, termina instituyendo lo local y la identidad de sus habitantes: identidad y representación.

La naturaleza se transforma en un proceso de artificialización, donde la sociedad y el ser humano van estableciendo sus marcas y señales de la intervención que este genera en dicho espacio físico, la va humanizando y adecuando a sus necesidades y estos se van adecuando a sus características geográficas y ecológicas. En definitiva, el espacio geográfico, es el resultado y producto de las relaciones sociales.

Territorio y globalización

En el contexto de la globalización, el espacio geográfico y la territorialidad se ha visto enfrentada a los procesos de transformaciones tecnológicas y comunicacionales que altera la relación espacio tiempo, cuyos efectos se han visto expresados en los procesos económicos mundiales acontecidos en las últimas décadas, lo que conocemos como globalización.

El tiempo y la instantaneidad en las comunicaciones han disminuido las distancias, produciéndose una ruptura y “quiebre en las barreras físicas y de las restricciones espaciales, y han dado lugar a la convergencia espacio-tiempo en la cual las relaciones de posición pasaron de estar determinadas por el valor de las distancias a ser medidas en tiempo real. Así se justifica el carácter abstracto de las construcciones de los nuevos sistemas territoriales, resultantes de la sustitución del valor de los lugares por el valor de los flujos (Harvey 1989, en Nogué y Rufi, 2001…Danilo Rodriguez Valbuena) (1).

En diversas posiciones existentes sobre territorio y territorialidad, se viene sosteniendo el inexorable proceso de la incidencia de las nuevas tecnologías en la redefinición de los territorios y de los espacios habitados, producto de las tecnologías de la comunicación, de la navegación, de la interconectividad física y virtual entre los espacios y las personas.

Sin embargo, lo que no se señala en esas posiciones, es que las tecnologías no son neutras sino, que obedecen a un determinado paradigma de construcción de las relaciones sociales, humanas, económicas y de vida.

En tal perspectiva, el sentido del modo de producción y del modelo de desarrollo imperante en lo que conocemos como globalización capitalista en su vertiente neoliberal, es fruto de una mentalidad y concepción de la relación que ella establece con los seres humanos y con la naturaleza: la propiedad, la explotación, la maximización productiva y el dinero como expresión de la acumulación.

De esta forma, el territorio y la territorialidad, constituyen un ámbito de intervención donde los centros de poderes no se localizan en ellos, sino, en centros de poder alejados de sus historias y maneras particulares de relacionarse con el espacio.

En este contexto, el territorio y sus habitantes, van configurando las nuevas expresiones de las desigualdades y desequilibrios en la realidad social y regional chilena, sea por las características de una economía abierta libremercadista, como también, por los altos grados de centralización y concentración político administrativa, fiscal y económica que posee Chile, sustentado en la constitución política actual.

Estas desigualdades se expresan en que la actual regionalización chilena se sostiene en dos aspectos fundamentales: la constitución económica inscrita en el espíritu de la Constitución Política del Estado, al definirse como un estado subsidiario y unitario y por otro, en la homogenización y búsqueda de mecanismos de control social por parte de la institucionalidad a nivel de las regiones, que la conciben desde un enfoque de seguridad nacional y explotación de los recursos naturales por capitales internacionales.

Sumado a lo anterior, y no de menor valía, la concepción de cuenca o nicho ecológico, inexistente a la fecha en los modelos de “desarrollo” chileno al momento de las planificaciones socio ambientales, políticas y económicas, no encuentran espacio en los debates territoriales de la institucionalidad y sus habitantes, razón por la cual, los desastres ecológicos y ambientales, se van constituyendo en factores recurrentes para la sociedad.

Estas dimensiones estructurales en la definición de la política pública nacional, al estar supeditados a parámetros políticos autoritarios y centralistas y por otro, a los de carácter extractivistas, van conformando el escenario donde los territorios pasan a ser, solamente, espacios físico geográficos, donde el ser humano no tiene relevancia ni es necesaria su participación.

Nota:

  1. Territorio y territorialidad: Nueva categoría de análisis y desarrollo didáctico de la Geografía. Danilo Rodríguez Valbuena.

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