La Población Santa Teresa de Los Andes de Achao: Un Recorrido por sus calles

Por Antonio Favreau M.

En la comuna de Quinchao, pasa lo mismo que en casi todas las ciudades del país, algunas más pequeñas u otras más grandes; tan solo saliendo de Achao como centro comunal y recorriendo sus calles y poblaciones se puede apreciar la pobreza escondida entre las callejuelas retiradas a unas cuadras del centro de la ciudad.

En la comuna de Quinchao viven 8.088 habitantes (Censo, 2017), de los cuales la mayor parte habita en sectores rurales, quienes cotidianamente viajan hacia Achao para realizar compras de abarrotes, hacer trámites de diversos tipos en municipio, farmacias, hospital, entre otros. El costo del trasporte –señalan los vecinos/as- aunque subvencionado, es de un precio alto en relación a los ingresos de los usuarios.

Las callecitas de poblaciones como Santa Teresa de Los Andes, que en suaves lomajes, se empinan humedecidas por la llovizna del día hasta trepar las casitas pareadas de la población, que juntas unas a otras en un ancho de no más de 7 metros de frentes por unos 15 de fondo, se enfilan por angostos pasajes que deslindan repentinamente con los campos de Quinchao. La población que fuera entregada el año 1994, contaba con 36 metros cuadrados construidos sin terminaciones, eran de madera y cada una de las 84 casas ha sido con el tiempo mejorada de acuerdo a las posibilidades económicas de sus moradores, algunas se ven en mejor estado que otras, en muchas de ellas el paso del tiempo y las imposibilidad de sus familias de mejorarlas se hace visible al transeúnte.

El frio del día, menos duro con el tráfago del quehacer cotidiano, golpea más crudamente las noches invernales que se cuelan por las rendijas de paredes agrietadas por el paso del tiempo.

La población, se encuentra por la calle de acceso principal a la ciudad de Achao, subiendo por unas cuantas callejuelas se puede llegar hasta los extramuros de ella, donde comienza el mismísimo campo de Quinchao; unos pasajes más abajo, al recorrerlos se pueden observar las construcciones por las que han pasado ya un cuarto de siglo, casitas de piso y medio, pareadas, algunas mantenidas con el esfuerzos de sus ocupantes y otras, francamente deterioradas, por las que detrás de una ventana con visillo corrido, una chiquilla mira hacia estos visitantes desconocidos y continua jugando en su celular.

Apreciar el diseño de estas casas, comprueba la desidia arquitectónica y constructiva del estado chileno para los sectores populares de Chile. Al deambular por estas callejuelas y observar sus casas, diseñadas y pensadas por quienes no conocen ni habitan esta geografía, se aprecia el desprecio e indiferencia con el que se construye en el país. Aquí no se pensó que buena parte del año caen sobre los 2000 mm de agua lluvia, que los largos fríos invernales alcanzan con facilidad los 3º bajo cero durante el invierno, que los espacios no son para dormir solamente, como en las grandes ciudades del centro norte del país, sino, de lugares para estar y compartir, lugares donde se produce el encuentro y las transmisiones culturales del sur de Chile y particularmente, de la cultura en Chiloé.

Aquí la pobreza y el frío pegan duro y un bingo no soluciona los problemas de sus habitantes.

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